El jugador del Real Madrid Cristiano Ronaldo volvió a ser protagonista negativo en un evento. En esta ocasión fue en el Open de Madrid que se juega estos días en la Caja Mágica de la capital, cuando el miércoles recibió una pitada al entrar al recinto coincidiendo con el inicio del encuentro entre Rafa Nadal y el ucraniano Oleksandr Dolgopolov (6-4 y 6-3). El luso apareció en uno de los laterales de la pista para sentarse, momento en el que se escuchó un murmullo que fue acompañado poco a poco de una improvisada y sorprendente pita que al final se mezcló con tímidos aplausos.
La afición madrileña quizá se acordó de las manifestaciones que hizo el portugués en las que hacía un guiño al Barcelona: “¿Al Barça? En este momento, Madrid es mi casa y mi club el Real Madrid, pero no se puede decir nunca de este agua no beberé. No sé qué pasará en el futuro, eso nunca se sabe, aunque me gustaría retirarme en el Madrid”.
Una vez más Cristiano Ronaldo vuelve a dividir a los aficionados e incluso a los de Madrid, que le increparon por ese talante tan personal que no gusta en la mayoría de los recintos deportivos que visita ya sea vestido de corto o como simple espectador como ocurrió el pasado miércoles en la Caja Mágica. El portugués, junto a Raúl, al que se vio apoyado en unas muletas por su lesión, saludó a Rafa Nadal concluido del partido. Es sabido que el tenista es del Real Madrid y acude cuando puede al estadio Bernabéu como hizo el pasado fin de semana para ver a su equipo frente al Athletic de Bilbao.
Cristiano ha sido increpado en la mayoría de los estadios de Primera en su debut en la Liga española. Su carácter chulesco y prepotente no gusta entre los aficionados españoles que le han dedicado cánticos de toda clase. Además, sus enfrentamientos con los rivales, que en muchas ocasiones se emplean con demasiada dureza para frenarlo, provocan que aflore ese carácter fuerte e indomable de un futbolista que no cae bien aunque se le reconozca su grandísimo nivel.
Pero es el propio futbolista el que alimenta esa animadversión y ya no por su forma de ser si no por retar a quienes le insultan en los terrenos de juego: “No tengo nada que envidiar a Messi, no me comparo con otros. Soy Cristiano Ronaldo y puedo ganar más que nadie. No me gusta relajarme, los aficionados quieren ver a un gran Cristiano Ronaldo y siempre intento no decepcionar. Me encanta cuando me abuchean, me gusta ver el odio en sus ojos. Quiero rescribir la historia del fútbol. Es cierto que mucha gente me odia, pero hay más que me quieren y me apoyan. Me encanta cuando me abuchean, me gusta ver el odio en sus ojos y escuchar sus insultos. Sólo me siento mal cuando juego mal. Afortunadamente eso pase rara vez. Sé que ya estoy entre los mejores de los mejores, pero quiero seguir escribiendo muchas más páginas bonitas”.
El luso volvió ayer a las gradas de la pista Manolo Santana de la Caja Mágica. Llegó a primera hora y siguió en directo la derrota de un diezmado Verdasco ante Melzer (7-5 y 6-3). En esta ocasión su llegada pasó inadvertida ya que entró en mitad del encuentro porque acudió a ver el encuentro de Nadal ante Isner.
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