lunes, 24 de mayo de 2010

Mourinho vs. Guardiola, el duelo que viene

Mourinho llega al Real Madrid con la misión de romper la hegemonía blaugrana en el fútbol español

El pulso Barça-Madrid de la temporada 2009-2010 por el título de Liga ha sido histórico y los récords que han batido ambos equipos por el camino quedarán para la historia. ¿Es posible mejorar un campeonato en el que el campeón suma 99 puntos y una sola derrota? ¿Un curso en el que se midieron los dos mejores talentos futbolísticos, Messi y Cristiano Ronaldo? Quizás sí. Tal vez un duelo Guardiola-Mourinho con (al menos) 38 capítulos puede conseguir que la Liga 2010-11 resulte aún más espectacular.

“Seguro que nos vamos a divertir si Mourinho es al final el técnico del Madrid”, sentenció Josep Guardiola en su última rueda de prensa del presente curso, la que siguió al triunfo sobre el Valladolid y con el que el Barça conquistaba su vigésima Liga. El cuádruple choque Barça-Inter en la Champions, con dos triunfos blaugrana, un empate y una victoria ‘neroazzurra’ que le valió el pase a la final y el título, se quedaban en un simple aperitivo.

Florentino Pérez está decidido a poner fin a la hegemonía blaugrana y para ello refundará una vez más su ‘imperio galáctico’. José Mourinho está llamado a ser la piedra angular de un nuevo proyecto en el que se adivina una nueva inversión multimillonaria tras los 250 millones invertidos en Cristiano Ronaldo, Kaká, Benzema, Xabi Alonso y compañía.

Mourinho recogió el guante cuando los ecos de las celebraciones de los ‘tifosi’ interistas aún resonaban en las gradas del Santiago Bernabéu. “Para mí es un desafío jugar un campeonato contra un Barcelona que hace cien puntos y que es un superequipo”, explicó ayer en una entrevista concedida a la ‘TVI’ portuguesa sobre su fichaje por el Real Madrid. “Intentar ganar la Champions, que no se consigue desde hace ocho años, es un aliciente”.

A falta de nuevos nombres -excepción hecha de David Villa-, sí que están planteados los estilos de los que parten ambos técnicos, en principio opuestos, tanto en el banquillo como en las salas de prensa. Claro, que tampoco hay que quedar en maniqueísmos simplistas. Al hablar de Josep Guardiola y José Mourinho, lo hacemos de dos entrenadores metódicos, que cuidan todos los detalles del juego y estudian a fondo a los rivales, pero también controlan las dinámicas internas del vestuario. Este control no les genera un rechazo por parte de sus futbolistas que, en general, hablan bien de ellos y se implican plenamente en sus equipos.

¿Dónde empiezan las diferencias entre dos técnicos jóvenes y ganadores? Para empezar, en el estilo de juego. Para Guardiola es irrenunciable salir a por la victoria a partir de la posesión del balón y de un fútbol abiertamente ofensivo. Todos defienden y atacan, como en los equipos de ‘Mou’, pero es imprescindible que el juego se desarrolle en el campo del rival.
Los equipos de Mourinho, en cambio, han optado hasta ahora por un fútbol más físico y espartano. No les resulta imprescindible tener el balón y si es necesario pueden renunciar abiertamente a él, como en la semifinal del Camp Nou; por regla general dotados de cazagoles potentes (Drogba en el Chelsea, Milito en el Inter, Cristiano Ronaldo en el Madrid) prefiere ceder metros al rival para que sus puntas maniobren con más facilidad. En cierta forma, la sublimación del juego que el Madrid ha practicado en las últimas temporadas y que Manuel Pellegrini intentó cambiar, sin éxito.

Las diferencias entre ambos se acrecientan cuando dejan el banquillo para situarse frente a los micrófonos. Si ambos gesticulan y se mueven constantemente por el área técnica, frente a la prensa mantienen tácticas muy diferentes. Porque tampoco nos engañemos en este punto. Pep y Mou dominan los focos y siempre tienen muy claro qué mensaje quieren transmitir. Sin embargo su puesta en escena es diametralmente opuesta.

Guardiola evita la esgrima dialéctica; cuanto más débil es el rival, más respetuoso se muestra; cuanto más dardos lanza el contrincante, más elogios le devuelve. Mourinho, en cambio, se siente cómodo en el antipático y engreído personaje que ha forjado a lo largo de los años. En su presentación como mánager del Chelsea se ganó el apelativo del ‘Special One’ al catalogarse como “único”. Después, a lo largo de los años, se enzarzó con Ferguson, Wenger o Benítez. En Italia repitió la fórmula con Ranieri o Lippi y despotricó sobre el fútbol que se practica en la Serie A aunque él puso el autobús en el Camp Nou para llegar a la final del pasado sábado.

Ahora deja el Inter como dejó el Oporto: con un triplete pero sin esperarse ni siquiera a celebrar los éxitos. Ya había labrado el camino en la rueda de prensa posterior al Barça-Inter dando rango de ley al “odio eterno” del barcelonismo hacia su persona.

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